Estel subió las gradas, y yo me fuí
detrás de ella. Estábamos los de la clase de octavo de EGB jugando
al pilla-pilla. Los demás siguieron jugando en la pista de básket,
y perseguía a la chica de la que estaba enamorado. Ella paró,
girándose y sonriendo. Yo le devolví la sonrisa picarona. Aquella
era su táctica para hacerme rabiar un poco. Yo me acercaba
lentamente, prestando atención a qué lado echaría a correr cuando
yo estuviese demasiado cerca. Nuestros ojos se cruzaban
centelleantes. Yo me abalanzé de golpe sobre ella, que soltó un
grito a medio reír seguido de una carrerra desesperada. Mierda. Se
me había vuelto a escapar. Mis piernas arrancaron a correr
inmediatamente detrás de ella, que ya me llevaba hasta la otra punta
del edificio. Sin mirar atrás, ella giró la esquina. Estaba otra
vez esperándome con su táctica, quieta, mirándome con ojos cálidos y desafiantes al mismo tiempo. Ahora no se me escaparía. Yo haría
ver que iría por un lado, y luego me abalanzaría en la dirección
en que ella seguramente arrancaría a correr.
-Cabrón!- dijo sonriendo al percatarse
del engaño. Pero sus reflejos arquearon su cuerpo de forma casi
magistral, de modo que mi mano no pudo encontrar nada más que aire.
-Aah! Casi!
Pero mi táctica me había dado ya
cierta ventaja que no dudé en aprovechar. Todo mi ser se impulsó
arrancando desde mis piernas. Ella pudo girar la esquina, pero al
cabo de dos metros agarré su ropa por la espalda.
-Ja et tinc!
-Merda! No es val, has fet trampa!
-No t'inventis normes!- t'he enxampa't!
Ella me miró riendo, y en sus ojos
brillaba el orgullo de guardarse todavía la última palabra.
-Ara hem de tornar a la pista, que
quedi clar que t'he pillat.
-Bueno, deixa'm. Ja ho diré.
-Ni ho sommïs. -Íbamos caminando por
el lado opuesto del edificio, y de pronto ella dió un tirón fuerte.
Me cogió por sorpresa, y su ropa se deslizaba angustiosamente entre
mis dedos.
-Oh! Serás...- Aixó si que son
trampes!
-Aaah- dijo ella entre risas.- M'haurás
de tornar a agafar.
El viaje de fin de curso de octavo lo
hicimos en Mallorca. Estábamos en un camping en la costa opuesta a
Palma, pues los chavales del curso anterior habían ya probado de
todo lo que la noche de un lugar turístico como Palma de Mallorca
podía dar, con tan solo 13 años. Los profesores aquel año no
quisieron pasar por las mismas experiéncias que el viaje anterior, y
a nuestro curso nos tocó un camping de la tercera edat en la otra
punta de la isla. Nos engañaron bien, vaya...
Estábamos en Mallorca, pero era como
si estuviésemos en las orillas el Mar Muerto. Había una piscina en
el camping, y pasábamos el rato en ella. También jugábamos a
ping-pong, jugábamos a hacer puntería con estrellas ninja y navajas
en las puertas de madera de los bungalows, y de vez en cuando, si les
apetecía a los professores, salíamos al exterior para ir a la
playa, y si había suerte íbamos a un club nocturno en una zona de
ocio también desierta, en dónde una llamada discoteca hacía
negocio vendiéndo fantas de naranja a los chavales y algún
combinado con nombre extraño del que corría el rumor que llevaba
alcohol.
Lo más divertido pero, era jugar en la
piscina a hundir a Estel. Las carreras por el patio jugando al
pilla-pilla se transformaron en agarrones de su cuerpo de adolescente
en bañador, desequilibrios y zambullidas forzadas de los dos, que
terminaban en un contacto casi total de nuestros humedos cuerpos
entre risas y sensaciones nuevas inquietantes y fascinantes. En el camping había
una sala de baile y después de cenar, los más enterados enseñaban
un paso de baile tipo Hip-Hop que parecía estar de moda en las
discotecas. Era el año 93, y se había estrenado la película El
Guardaespaldas, y siempre ponían la canción I Will Always
Love You en algún momento de la noche, bajando la iluminación,
creando un ambiente de intimidad en el que aprovechábamos para
vencer nuestra timidez y pedir para baliar a nuestra amada.
El Guardaespaldas es una
película un poco mala, pero explica una triste historia de amor
entre una cantante de pop negra, la preciosa Whitney
Houston y un guardaespaldas blanco que es contratado para protegerla
de unas amenazas que le llegan por carta. El tema de la película era
ya de por sí rompedor. Lawrence Kasdan había escrito el guión
desde hacía más de 15 años, y le habían comprado los derechos
para realizar la película. Pero siempre surgían problemas en el
estudio de Hollywood. Inicialmente los papeles estaban pensados para
Diana Ross y Steve Mc Queen, pero se dice que Steve Mc Queen no quiso
estar por debajo de la Cantante de Color Diana Ross cobrando menos
para su papel. Al final, Kevin Costner sería el protector de la
exitosa Whitney Houston en su debut cinematográfico.
Aquella canción me hechizaba. Estel
llevaba por aquel entonces un peinado similar al de Whitney Houston.
Le pedí para bailar en numerosas ocasiones. Mi corazón volaba
cuando abrazaba a Estel por su cintura mientras escuchaba aquella
canción. Habían muchas cosas que no se podían explicar. Era una
unión mágica. Estábamos los dos adolescentes sin decir nada.
Sintiendo al mismo tiempo la tristeza y la emoción de aquella
canción trágica. Whitney parecía hablar por los dos, que ya no
reíamos, sinó que escuchábamos La Voz que desgarraba
nuestro corazón. El EGB se terminaba, y los dos teníamos destinos
distintos en la educación secundaria.
Whitney Houston se había casado por
aquel entonces con Bobby Brown. Su marido no pudo aceptar el hecho de
estar por debajo de su mujer. Los maltratos y el abuso de drogas de
su marido mermaron para siempre aquella preciosa voz, y ella se
convirtió en un sueño de lo que había sido hasta el El
Guardaespaldas. Pasó a ser la sombra de Whitney Houston,
caída de la címa del éxito cuando apenas empezaba a volar. Un
éxito que se tornó en pesadilla.
Yo empezé a estudiar en el instituto,
pero mi mente de adolescente cada vez se hacía más preguntas que no
encontraban solución. Estel-Whitney pasó a ser una sola cosa en mi
mente. Quería volver a revivir aquellos momentos, y cada vez que
escuchaba la canción, o miraba la foto de portada de la banda sonora
de El Guardaespaldas,
recordaba aquel baile. Aquellos juegos, aquella sonrisa. Aquella
mirada. El rostro de Whitney Houston me llevaba aquella sensación.
Me permitía evadirme de una realidad de adultos de la que me
resistía a formar parte. Prefería pensar en ella. En mi amada. A
medida que crecía descubría más cosas que no me gustaban. Pero en
mi mente estaba ella. Deseaba verla en el patio del instituto como
hacía unos años atrás. No había nadie igual a ella en mi clase.
Yo iba mirando las estrellas. El enigma
de su brillo me hechizaba, y me olvidé de mirar dónde ponía los
pies. Pues me encotré de golpe en un barranco húmedo y resbaladizo
con tortuosas cavidades entre las sólidas raíces de los árboles.
Mi situació explotó un día, y mi
mente colapsó. Dijo basta de golpe. Y por culpa de una negligencia
médica que algun dia explicaré en detalle, caí en los infiernos
más profundos a los que puede llegar a caer un ser humano. El
descanso pudo rehacer mi mente, pero tuve que borrar mi pasado real
para sustituirlo por un pasado ficticio, en aras de poder llevar una
vida “normal”.
Al cabo de un tiempo de mi
recuperación, quedamos con los amigos de EGB para hacer una cena. Había mezcla de gente. Faltaban
algunos de los antiguos compañeros de clase, y habían también
amigos que yo no conocía.
-L'Estel está com sempre de guapa.- dijo Oriol.
-On está?- pregunté yo.
-Tiu! Estás a la parra! Era aquesta!
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