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Ahora estaba conduciendo. Un lunes, aunque no tan
gris como el de muchos, que sienten cómo el peso de la rutina les cae como una
losa desde el cuarto piso, mientras yo volava con mi coche. Una mañana en la
que recorrería los 600km que separan la ciudad mas abierta y cosmopolita del
sur de Europa con el centro de la meseta, el origen de una idea anclada en un pasado
glorioso incapaz de redefinirse que vive en la melancolía de lo que en otros
siglos fue España. Castilla La Mancha era aquel lugar, en dónde se estaba
construyendo una central termosolar con los fondos europeos para el desarrollo,
el desarrollo que el mismo sistema se había cargado, tanto para España como
para Europa. Ya no habían fondos europeos. La crisis entraba en la última
bajada hacia el hoyo. La Central se estaba terminando, pero era la última que
se construiria en España. Por hoy yo tenía trabajo, que es lo que
importaba.
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