Una rosa de tardor
ha nascut al meu jardí
vermella, exhuberant
sola en la verdor
orgullosa, sap que genera envejor
els seus pètals suaus i tendres
reflexen la vida que es regenera.
Pètals concèntrics que acaricien
mostren la seva roja vermellor
tot en ella es passió
amaguen misteriosament
el secret de la reproducció
l'abella sent la dolça olor
entre les ràfegues de vent,
aguanta la posició.
Però la flor està trista, gelosa
perquè sap que encara que s'esforci
encara que posi el vermell més vermell
en cadascún dels seus pètals
encara que adquireixi la textura més suau
i eflueixi les mes dolçes olors de la terra
no et podrà mai, igualar en bellesa.
dissabte, 29 de setembre del 2012
divendres, 21 de setembre del 2012
...
(...)
Una vez en el local, no pasó nada importante, que recuerde.. copas, música... yo ya había descargado un sobrante de mi, con lo que volví a la tranquilidad de las noches normales: risas, un poco de bailoteo, música... y fuimos a fumar. Aquí tengo que decir que fui víctima de una trampa. Una trampa de Mujer. Sutil, Silenciosa, envolvente... Cual tiburón que se adentra en un orificio de las redes para degustar el suculento manjar, para darse cuenta una vez dentro de la imposibilidad de la salida, y éste se consuela con la degustación de los pececillos, así caí en la trampa de la silenciosa y siempre enigmática Mónica, y no me dí cuenta hasta pasados unos días.
(...)
Una vez en el local, no pasó nada importante, que recuerde.. copas, música... yo ya había descargado un sobrante de mi, con lo que volví a la tranquilidad de las noches normales: risas, un poco de bailoteo, música... y fuimos a fumar. Aquí tengo que decir que fui víctima de una trampa. Una trampa de Mujer. Sutil, Silenciosa, envolvente... Cual tiburón que se adentra en un orificio de las redes para degustar el suculento manjar, para darse cuenta una vez dentro de la imposibilidad de la salida, y éste se consuela con la degustación de los pececillos, así caí en la trampa de la silenciosa y siempre enigmática Mónica, y no me dí cuenta hasta pasados unos días.
(...)
Estábamos fuera del Moon Andrea, Mónica, Nídia, Miqui, yo, y
algún que otro amigo y conocido. Mónica llevaba, ahora si, más de 5 cubatas. Ahora
las Parcas que tejen los hilos del destino quisieron que pasasen por allí un
grupillo de unos siete niñatos a los que se les podría considerar como pijos, o
por lo menos lo parecían. Mónica estalló, o eso hizo ver.
-Que asco de pueblo, sois todos unos pijos- dijo, dirigiéndose
hacia ese grupillo, mientras Andrea la sujetaba.
-Mira, ésta chaqueta, seguro que te la ha comprado tu papá,
la tuya igual, sois unos putos pijos. Yo estoy trabajando y estudio al mismo
tiempo, porque tengo que trabajar. A mi no me pagan las cosas, me lo tengo que
pagar yo.
Llegado a éste punto de la historia tengo que hacer un parón.
Me he liado un cigarrillo. Necesito elevar mi estado de conciencia para poder
relatar con todo detalle lo sucedido aquellos momentos. En parte para poder
transmitir con la máxima exactitud y veracidad posible, en parte para que mi
sistema emocional no se desboque, desestabilice, lo que impediría
irremediablemente el fluido transcurrir del proceso de escritura en el que
estoy inmerso. Así que después de liarme con amor un cigarrillo verde, lo
prenso bien mientras este adopta paulatinamente la forma de trompeta
característica, pongo un disco de música New Age relajante, y con la llama
refulgente de la combustión del butano de mi Clipper, hago que las otrora
flores de una planta milenaria entren en estado incandescente, segundos antes
de entrar en mis pulmones para que me convierta yo, en lo que la planta deseó
con tanto ímpetu. Alcanzar la plenitud. Cerrar el círculo.
Evidentemente ésos niñatos sintieron un golpe en su orgullo,
en su esencia, en su modus vivendi, en su estructura social que los
cohesiona, y como seres vivos en estadios primitivos de evolución, tenían que
amedrentar esa afrenta, que parecía a simple vista un insulto a sus personas.
El que parecía el cabecilla, se encaró a Mónica.
-¡Pues vete a tu pueblo, desgraciada! Envidia que tienes.
No me conocían y no sabían que yo estaba allí, así que se lo
tuve que decir.
-¡Vale ya! ¡Que son amigas mías y os estáis pasando de la
ralla! -Dije yo, con la seguridad, tranquilidad y confianza de hace unas horas.
El grupo empezó a revolotearse, como si un niño pequeño se estuviese dirigiendo
hacia un grupo de palomas que comían apaciblemente de las migajas que otros
habían dejado por el suelo.
-Mira, no me provoques que... -no se atrevió a terminar la
frase, pero el final de ésta estaba implícito. Dónde no llegan los argumentos
llega la violencia. Me desentiendo de Mónica y del cabecilla, que siguen sus
argumentaciones un poco apartados de los demás, cuando un esbirro se me acerca,
en plan amistoso-borracho.
-Pero nosotros podemos- Haciendo referencia a la diferencia
de fuerza entre un hombre y una mujer.
-¡Si, claro! ¡Por musculatura podemos! ¿Pero vas a pegar a una
mujer?- respondí yo.- ¡Ve al gimnasio!- Continué con indignación.
Creo que comprendió todos los mensajes que mi voz contenía,
incluido el de que Yo voy a un gimnasio para pegarme, y que si se quiere pegar,
más le vale que él tenga la costumbre de hacer lo mismo. Evidentemente, se giró y se
apartó un poco de mí, con lo que aproveché para hablar al grupo ese en su
totalidad.
-¡Eh, Vale ya! ¡Largaos de aquí!
Curiosamente hicieron caso, y cuando los siete se iban, el cabecilla
no pudo resistir la tentación de decir la última palabra a Mónica, amparado ya
por la distancia que le separaba de dónde estábamos.
-¡Gorda! – Sólo supo decir, refiriéndose supongo, a las
bellas carnes que adornan al macizo cuerpo de Mónica.
divendres, 14 de setembre del 2012
...
Felipe se dirigió hacia mí con toda su fúria, y agarró con
su musculado brazo la solapa de mi blanco kimono. Sus movimientos bruscos me
zarandeaban violentamente, pero su mente tampoco estaba quieta. Sus agarres
eran espasmódicos e incongruentes, faltos del sentido completo. No lo eran así
los mios, y mi mente estaba más tranquila ya, después de la competición del
último sabado.
Cuando mis sentidos me mostraron que era El Momento, mi
pierna, mi cadera y todo mi ser realizó de forma inconsciente y automática,
ayudados por toda mi voluntad, aquellos movimientos que tantas veces había
practicado antes en forma de uchi komi o entrenamiento. Se hizo un o’uchi
gari o Gran Barrido por el Interior, una vez su pierna derecha estubo
nadamás unos ínfimos instantes ligeramente adelantada, mientras su cuerpo que
me sacaba mas de 20 kg se abalanzaba sobre mí, consecuentemente cayendo con
estrépito en el inofensivo tatami azul. Su cabeza miraba el techo, aturdida por
no entender todavía cual había sido el error que le había precipitado contra el
suelo.
-¡Mierda! –exclamó con un sentimiento de frustración.
-¡Ippon! Jaja.
Él se levantaba, todavía rabioso con tintes de preocupación.
-Que cabron... ¿Qué he hecho mal?
-Mira... Te ha pasado como a mí en la competición. Te ha
sucedido exactamente lo mismo que me pasó en el primer combate. Lo perdí igual
que tú ahora. Fui a saco sin escuchar, sin fluir, sólo con una tensión
anárquica y estéril, sin poder concentrarme en hacer correctamente los
movimientos. El miedo a perder me estresó y no tenía la cabeza tranquila.
-Si, quizás tengas razón.
-Vale va, otra vez.- Dijo, levantándose con ganas de seguir con el
amistoso randori o combate, y
volvió a agarrar con fuerza mi solapa, despúes de nuestras respectivas muestras
de respeto al estilo japonés.
dilluns, 10 de setembre del 2012
...
Conocí a Montse un
día que hacían abraçades gratis.
Su energía me atrajo desde el primer momento, y oír que
hacía sanación pránica despertó
aún más mi interés en ella. Un agradable abrazo y algunas simples palabras
solamente se intercambiaron aquél día. Un
día en el que, ante mi incomprensión, vi realizando abrazos a desconocidos a la chica que me había dejado con
las palabras en la boca una noche en La Bohemia, después de decirle que era muy
guapa y que me había fijado en ella. Pero volviendo a Montse, la siguiente vez que nos vimos fue en un concierto de mis amigos del funky. Allí hablamos en serio por primera vez. Y las
siguientes semanas fuimos coincidiendo en el Broadway Café.
Había decidido los días anteriores decirle mi opinión directamente, aunque sabía que eso llevaría a una confrontación de ideas y, posiblemente discusiones que terminarían en gritos y posiciones enrocadas de cada uno, rompiendo consecuentemente cualquier entresijo de comunicación.
- El amor universal es lo mas importante, hay que hacer el bien.- excretó ella, en un estado trascendental con toques de felicidad.
Había decidido los días anteriores decirle mi opinión directamente, aunque sabía que eso llevaría a una confrontación de ideas y, posiblemente discusiones que terminarían en gritos y posiciones enrocadas de cada uno, rompiendo consecuentemente cualquier entresijo de comunicación.
- El amor universal es lo mas importante, hay que hacer el bien.- excretó ella, en un estado trascendental con toques de felicidad.
Esa mujer me caía bien. Era lo que quedaba de una juventud dominada por el alcohol,
conciertos de rock, drogas, y pasotismo a más no poder. A sus 45 años todavía se
conservaba atractiva, tanto externamente como internamente. De seguro que sus
contactos con el submundo místico
esotérico al que había ido dejando caer
su vida en detrimento del heviata habían tenido
algo que ver con ese hecho externamente comprobable.
Esa noche en el bar podría haber sido una velada tranquila y placentera después de hacer un poco de deporte. De hecho, llevaba la bolsa verde enorme en la que puede caber mi kimono de competición ultraresistente. Estaba también Cecilia en la mesa. En un primer momento pensé en pasar de largo, irme a casa, pero algo me detuvo. Quizás es que estaba ella, Montse, aunque me di cuenta de ello una vez yo ya había iniciado el camino hacia la mesa, pudiendo ver el final de ésta que ella ocupaba, antes de sentarme.
Después de su declaración de principios universales, no pude contenerme.
- Eso del amor está muy bien, es el mensaje de Jesús, pero yo creo que ahora deberíamos hacer un paso más. El bien no se puede comprender si no sabes que es lo malo. Son complementarios, el ying y el yang. -Parece que la dejé un poco estupefacta, pues se me quedó mirando largos segundos como pensando – tu lo que eres es un cabrón, tío-
Mi impulso interior me pedía que acabase hasta el fondo con tanta petulancia y misticismo barato, pero la pobre Cecilia, la de los antidepresivos, estaba allí, sentada, mirando su vaso de cerveza cómo si éste tuviera que explicarle cosas que no había comprendido del todo. Por consideración a su sugestionable estado, contení las fuerzas que peleaban en mi interior. Pero Cecilia algo sí que entendió, y era que en esa conversación sobraba, así que después de intercambiar algunas palabras inofensivas los tres, se despidió y se fue a cenar a su casa.
- Nos vamos más al interior?- propuso Montse, una vez Cecilia estaba pagando en la barra.
- Claro.
Nos sentamos en el centro de la terraza, donde se podía ver en la sala de la derecha, cómo ensayaba el grupo de danza tradicional-contemporánea Mediterrània. La música era atronadora. Una de esas piezas románticas, tipo Strauss, con violines, partes lentas interrumpidas por golpes de tambores aberrantes que ensalzaban la emotividad y la pasión trágica. Una bella música que quedaba destrozada literalmente por aquella coreografía que mis ojos se resistían a ver, y mi mente a comprender. Iban dando saltitos anonadinos y rítmicos levantando las rodillas hacia delante, matando la anarquía y pasión de los movimientos musicales. ¿Como se puede bailar esto como si fuese una sardana? Mi castigada mente inocente se entretenía buscando alguna respuesta a la incongruencia humana, cuando por fin Montse rompió mis divagaciones.
- ¿Tu te has leído el Tao?
- ¿Que tao?
- El Tao te Ching.
- Si.
La escena que estaba contemplando hace unos segundos cambió radicalmente mi manera de enfocar esa conversación. Decidí que el mundo necesitaba comprensión y diálogo. Así que evitamos temas de los que yo sabía, difícilmente llegaríamos a puntos en común, y nos pusimos a hablar de que ella también estaba escribiendo un libro: La princesa duerme sola.
- ¿Si duerme sola no será porqué ella no hace ningún esfuerzo por conocer a hombres que sean adecuados para ella?
- ¿Que quieres decir?
- Que en esta sociedad normalmente es el hombre que tiene que ir detrás de las chicas. Muy pocas chicas se atreven a tomar la iniciativa. Dicen que en los países nórdicos es distinto, pero aquí, si eres hombre mas vale que te espabiles para aprender a ligar, que si no...
- Dos piedras.
- Mas o menos..
- ¿Y a ti como te va con las chicas?
- Bueno... he estado con chicas.. me lo he pasado muy bien, he compartido muchas cosas.. pero todavía no he encontrado a una mujer que me llene en todos los niveles.
- Es que esto es difícil..
- Si.. además yo soy un poco tímido, ya sabes...
Seguimos charlando agradablemente un rato y luego nos fuimos cada uno a su casa.
Esa noche en el bar podría haber sido una velada tranquila y placentera después de hacer un poco de deporte. De hecho, llevaba la bolsa verde enorme en la que puede caber mi kimono de competición ultraresistente. Estaba también Cecilia en la mesa. En un primer momento pensé en pasar de largo, irme a casa, pero algo me detuvo. Quizás es que estaba ella, Montse, aunque me di cuenta de ello una vez yo ya había iniciado el camino hacia la mesa, pudiendo ver el final de ésta que ella ocupaba, antes de sentarme.
Después de su declaración de principios universales, no pude contenerme.
- Eso del amor está muy bien, es el mensaje de Jesús, pero yo creo que ahora deberíamos hacer un paso más. El bien no se puede comprender si no sabes que es lo malo. Son complementarios, el ying y el yang. -Parece que la dejé un poco estupefacta, pues se me quedó mirando largos segundos como pensando – tu lo que eres es un cabrón, tío-
Mi impulso interior me pedía que acabase hasta el fondo con tanta petulancia y misticismo barato, pero la pobre Cecilia, la de los antidepresivos, estaba allí, sentada, mirando su vaso de cerveza cómo si éste tuviera que explicarle cosas que no había comprendido del todo. Por consideración a su sugestionable estado, contení las fuerzas que peleaban en mi interior. Pero Cecilia algo sí que entendió, y era que en esa conversación sobraba, así que después de intercambiar algunas palabras inofensivas los tres, se despidió y se fue a cenar a su casa.
- Nos vamos más al interior?- propuso Montse, una vez Cecilia estaba pagando en la barra.
- Claro.
Nos sentamos en el centro de la terraza, donde se podía ver en la sala de la derecha, cómo ensayaba el grupo de danza tradicional-contemporánea Mediterrània. La música era atronadora. Una de esas piezas románticas, tipo Strauss, con violines, partes lentas interrumpidas por golpes de tambores aberrantes que ensalzaban la emotividad y la pasión trágica. Una bella música que quedaba destrozada literalmente por aquella coreografía que mis ojos se resistían a ver, y mi mente a comprender. Iban dando saltitos anonadinos y rítmicos levantando las rodillas hacia delante, matando la anarquía y pasión de los movimientos musicales. ¿Como se puede bailar esto como si fuese una sardana? Mi castigada mente inocente se entretenía buscando alguna respuesta a la incongruencia humana, cuando por fin Montse rompió mis divagaciones.
- ¿Tu te has leído el Tao?
- ¿Que tao?
- El Tao te Ching.
- Si.
La escena que estaba contemplando hace unos segundos cambió radicalmente mi manera de enfocar esa conversación. Decidí que el mundo necesitaba comprensión y diálogo. Así que evitamos temas de los que yo sabía, difícilmente llegaríamos a puntos en común, y nos pusimos a hablar de que ella también estaba escribiendo un libro: La princesa duerme sola.
- ¿Si duerme sola no será porqué ella no hace ningún esfuerzo por conocer a hombres que sean adecuados para ella?
- ¿Que quieres decir?
- Que en esta sociedad normalmente es el hombre que tiene que ir detrás de las chicas. Muy pocas chicas se atreven a tomar la iniciativa. Dicen que en los países nórdicos es distinto, pero aquí, si eres hombre mas vale que te espabiles para aprender a ligar, que si no...
- Dos piedras.
- Mas o menos..
- ¿Y a ti como te va con las chicas?
- Bueno... he estado con chicas.. me lo he pasado muy bien, he compartido muchas cosas.. pero todavía no he encontrado a una mujer que me llene en todos los niveles.
- Es que esto es difícil..
- Si.. además yo soy un poco tímido, ya sabes...
Seguimos charlando agradablemente un rato y luego nos fuimos cada uno a su casa.
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