dilluns, 19 de novembre del 2012

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-¿Te pasaste un poco el otro día, no?
-Hola Mónica.
-¿Y a mí? ¿Por qué me tocas el culo?
-Perdona.
-Porque no me enteré, que me lo dijeron luego y perdona no. ¿Por qué me tocaste el culo anteayer?
El silencio delataba mi asombro ante tan inesperado y agresivo interrogatorio.
-¡Di! ¡Qué piensas!- Sus ojos inquisidores penetraban en mi ser a través de los míos. Estaba claro que exigía una inmediata respuesta.
-Pensaba que había confianza. -Dije con tono lastimoso, dándole a entender que aquel juego a mí sí que me gustaba, y que yo lo jugaba porque pensaba que a ella también. Si no era así, aquella era su oportunidad para dejarlo claro.
-¿A sí? ¿Pues la Lorien, sabes?
-Sí.
-Esa Lorien, sí. ¡Pues te la sacas de la cabeza! -Sabía que era inútil resistirme.
Ella era una mujer muy enfadada con la que no podía hacer nadamás que acatar las nuevas configuraciones que estaba tomando mi volátil cerebro, que tuvo que elegir entre seguir intentando ligarme una chica que tenía novio, o ir a por otra que me estaba diciendo en su forma particular, delante mío, que me deseaba y que ella quería ser la única.
-Vale. La olvido.
Además, Mónica también tenía muy desarrollado su lado derecho intuitivo y femenino cerebral. Quizás tenía razón en cosas que yo, como hombre, todavía no comprendía. Y Lorien quizás era aún una niña que quería jugar a un juego que le venía grande. ¡Y qué cojones! Mónica es un pedazo de mujer que se lo merece todo, así que el cambio inesperado en el argumento de la historia no parecía estar mal. Me sentí bien, y agradecí a la exigente Mónica el hecho de haberse abierto de esa forma hacia mí.
-Gracias por hablarme así, Mónica.
Y acto seguido me dirigí hacia donde estaba Lorien, que no se perdía un solo detalle en segunda fila, con el objetivo de pedirle disculpas sobre mi actuación alocada la última noche en que nos vimos. Pero ella no quería hablar en ese momento. Se fue a la última fila en cuando vio que yo me dirigía hacia ella.

dimarts, 23 d’octubre del 2012

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Carolina vino a mi casa esa tarde, pero estaba en esos días en que la feminidad se renueva a sí misma, así que estuvimos charlando tranquilamente e intimamos un poco. Caricias suaves en la cama, besos, música chillout relajante... pero ella se fue.
-Con lo caliente que me has dejado tendré que estar dos horas masturbándome o dos horas meditando.
-Puedes hacer las dos cosas.- Dijo ella, con una cruel indiferencia.

Y como que normalmente, las mujeres tienen razón, eso es lo que hice. Amenizando el momento con un cigarrillo de marihuana de mi cosecha propia, pongo música New Age para relajarme. Y allí pasó algo. El enorme deseo sexual que Carolina me había infundido momentos antes, estaba dentro de mi cuerpo aprisionado en mis sufridos genitales. Las técnicas taoistas de control de la eyaculación que llevaba años practicando a ratos libres, las masoquistas luchas conmigo mismo para no sobrepasar el punto de no retorno, y conseguir lo que se conoce como surfear la ola, aquel día fueron inútiles. Pero entré en un estado de paz y de armonía con el entorno que hicieron que pasase lo que tenía que pasar. Yo siempre me sentí atraído por las filosofías orientales, por aquello de la energía, la acupuntura china, pero mi modo de ver las cosas influenciado por la sociedad occidental en la que me encontraba no me permitía creer con fe ciega en aquellas mágicas historias. Fantasías, la necesidad del ser humano de creer en algo que no ve. Pero yo instintivamente hacía ya muchos años que sabía de la existencia del Chi, Prana o Kundalini. Quizás por eso hacia artes marciales, o leía filosofía.

Pues en ese momento el misterio de la vida se deslizó caprichosamente desde mi zona genital, pasando no sé cómo hasta mi pierna derecha, donde se posó durante largos minutos ante mi incrédulo asombro.              

Lo que para mí era antes un pasatiempo, pasó a partir de ese momento a ser mi principal preocupación. ¿Cómo podía ser que aquello fuera cierto? Si me ha pasado esto és que hay muchas más cosas que no sé. Por suerte hoy en día hay internet, e hice un curso intensivo autodidacta de esoterismo, técnicas de meditación, y filosofía hermética. Incluso en la oficina, en donde estaba enganchado a alguna de esas páginas web haciendo ver que trabajaba.

dimarts, 16 d’octubre del 2012

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Sin duda la sombra de John Kennedy Toole planeó sobre mí desde la infancia. Leí varias veces la contraportada del libro amarillo que había en el apacible apartamento de Cadaqués en que veraneaban mis padres: La Conjura de los Necios. Pero no me atrevía a leerlo. Releía y releía el prólogo, donde te contaban que era una obra magnífica, hilarante, que el escritor era un genio, que había tenido un éxito abrumador. Los interrogantes se sucedían en mi cabeza sin poder obtener ninguna conclusión lógica. ¿Por qué entonces nadie quiso publicarla? ¿Por qué su autor terminaría suicidándose después de años de luchas con las editoriales, rehacer partes, modificar otras, sin conseguir, totalmente abatido ya, la tan anhelada recompensa? Estaba claro que en aquellas páginas existía una crítica muy ácida y veraz al conjunto de la sociedad americana de los años sesenta. Pero encontraría una explicación razonablemente lógica a lo sucedido si el escritor viviese en un país con algún tipo de régimen totalitario sin libertad de expresión como la URSS, la España Franquista, o la Cuba de Fidel. Pero él vivía en los Estados Unidos de América, paradigma de la libertad.

No recuerdo exactamente cuando tomé las fuerzas o agallas necesarias para entrar en el caótico mundo de Ignatius Reilly, pero lo que sí recuerdo és que al terminarlo, supe el porqué de mis temores. No sólo era una obra genial, sino una demoledora crítica feroz que no dejaba títere con cabeza. A través de sus personajes puestos al límite, realizaba un análisis psicológico de prácticamente todas las mentalidades existentes, que todavía hoy, forman parte de nuestra sociedad industrializada. A través de ese análisis psicológico en clave de humor, muestra magistralmente las contradicciones internas de todos ellos, de las cuales, ellos mismos no son conscientes. La incomunicación humana es el triste argumento que subyace a la estrafalaria y divertida trama. Una incomunicación real que se da entre padres, hijos, vecinos, trabajadores, y parejas. Una incomunicación que yo sufrí también en mi adolescencia. Sintiéndome identificado con el escritor una vez tuve el valor de leer el libro, me aparté conscientemente e inconscientemente del oficio de escritor, hasta que Ella me hizo comprender cuales eran mis temores y mis miedos más ocultos, animándome a superarlos.

dissabte, 29 de setembre del 2012

Tardor?

Una rosa de tardor
ha nascut al meu jardí
vermella, exhuberant
sola en la verdor
orgullosa, sap que genera envejor
els seus pètals suaus i tendres
reflexen la vida que es regenera.
Pètals concèntrics que acaricien
mostren la seva roja vermellor
tot en ella es passió
amaguen misteriosament
el secret de la reproducció
l'abella sent la dolça olor
entre les ràfegues de vent,
aguanta la posició.
Però la flor està trista, gelosa
perquè sap que encara que s'esforci
encara que posi el vermell més vermell
en cadascún dels seus pètals
encara que adquireixi la textura més suau
i eflueixi les mes dolçes olors de la terra
no et podrà mai, igualar en bellesa.

divendres, 21 de setembre del 2012

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(...)

Una vez en el local, no pasó nada importante, que recuerde.. copas, música... yo ya había descargado un sobrante de mi, con lo que volví a la tranquilidad de las noches normales: risas, un poco de bailoteo, música... y fuimos a fumar. Aquí tengo que decir que fui víctima de una trampa. Una trampa de Mujer. Sutil, Silenciosa, envolvente... Cual tiburón que se adentra en un orificio de las redes para degustar el suculento manjar, para darse cuenta una vez dentro de la imposibilidad de la salida, y éste se consuela con la degustación de los pececillos, así caí en la trampa de la silenciosa y siempre enigmática Mónica, y no me dí cuenta hasta pasados unos días. 


(...)



Estábamos fuera del Moon Andrea, Mónica, Nídia, Miqui, yo, y algún que otro amigo y conocido. Mónica llevaba, ahora si, más de 5 cubatas. Ahora las Parcas que tejen los hilos del destino quisieron que pasasen por allí un grupillo de unos siete niñatos a los que se les podría considerar como pijos, o por lo menos lo parecían. Mónica estalló, o eso hizo ver.

-Que asco de pueblo, sois todos unos pijos- dijo, dirigiéndose hacia ese grupillo, mientras Andrea la sujetaba.
-Mira, ésta chaqueta, seguro que te la ha comprado tu papá, la tuya igual, sois unos putos pijos. Yo estoy trabajando y estudio al mismo tiempo, porque tengo que trabajar. A mi no me pagan las cosas, me lo tengo que pagar yo.

Llegado a éste punto de la historia tengo que hacer un parón. Me he liado un cigarrillo. Necesito elevar mi estado de conciencia para poder relatar con todo detalle lo sucedido aquellos momentos. En parte para poder transmitir con la máxima exactitud y veracidad posible, en parte para que mi sistema emocional no se desboque, desestabilice, lo que impediría irremediablemente el fluido transcurrir del proceso de escritura en el que estoy inmerso. Así que después de liarme con amor un cigarrillo verde, lo prenso bien mientras este adopta paulatinamente la forma de trompeta característica, pongo un disco de música New Age relajante, y con la llama refulgente de la combustión del butano de mi Clipper, hago que las otrora flores de una planta milenaria entren en estado incandescente, segundos antes de entrar en mis pulmones para que me convierta yo, en lo que la planta deseó con tanto ímpetu. Alcanzar la plenitud. Cerrar el círculo.

Evidentemente ésos niñatos sintieron un golpe en su orgullo, en su esencia, en su modus vivendi, en su estructura social que los cohesiona, y como seres vivos en estadios primitivos de evolución, tenían que amedrentar esa afrenta, que parecía a simple vista un insulto a sus personas. El que parecía el cabecilla, se encaró a Mónica.

-¡Pues vete a tu pueblo, desgraciada! Envidia que tienes.

No me conocían y no sabían que yo estaba allí, así que se lo tuve que decir.

-¡Vale ya! ¡Que son amigas mías y os estáis pasando de la ralla! -Dije yo, con la seguridad, tranquilidad y confianza de hace unas horas. El grupo empezó a revolotearse, como si un niño pequeño se estuviese dirigiendo hacia un grupo de palomas que comían apaciblemente de las migajas que otros habían dejado por el suelo.        

-Mira, no me provoques que... -no se atrevió a terminar la frase, pero el final de ésta estaba implícito. Dónde no llegan los argumentos llega la violencia. Me desentiendo de Mónica y del cabecilla, que siguen sus argumentaciones un poco apartados de los demás, cuando un esbirro se me acerca, en plan amistoso-borracho.

-Pero nosotros podemos- Haciendo referencia a la diferencia de fuerza entre un hombre y una mujer.
-¡Si, claro! ¡Por musculatura podemos! ¿Pero vas a pegar a una mujer?- respondí yo.- ¡Ve al gimnasio!- Continué con indignación.

Creo que comprendió todos los mensajes que mi voz contenía, incluido el de que Yo voy a un gimnasio para pegarme, y que si se quiere pegar, más le vale que él tenga la costumbre de hacer lo mismo. Evidentemente, se giró y se apartó un poco de mí, con lo que aproveché para hablar al grupo ese en su totalidad.

-¡Eh, Vale ya! ¡Largaos de aquí!

Curiosamente hicieron caso, y cuando los siete se iban, el cabecilla no pudo resistir la tentación de decir la última palabra a Mónica, amparado ya por la distancia que le separaba de dónde estábamos.

-¡Gorda! – Sólo supo decir, refiriéndose supongo, a las bellas carnes que adornan al macizo cuerpo de Mónica.

divendres, 14 de setembre del 2012

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Felipe se dirigió hacia mí con toda su fúria, y agarró con su musculado brazo la solapa de mi blanco kimono. Sus movimientos bruscos me zarandeaban violentamente, pero su mente tampoco estaba quieta. Sus agarres eran espasmódicos e incongruentes, faltos del sentido completo. No lo eran así los mios, y mi mente estaba más tranquila ya, después de la competición del último sabado.

Cuando mis sentidos me mostraron que era El Momento, mi pierna, mi cadera y todo mi ser realizó de forma inconsciente y automática, ayudados por toda mi voluntad, aquellos movimientos que tantas veces había practicado antes en forma de uchi komi o entrenamiento. Se hizo un o’uchi gari o Gran Barrido por el Interior, una vez su pierna derecha estubo nadamás unos ínfimos instantes ligeramente adelantada, mientras su cuerpo que me sacaba mas de 20 kg se abalanzaba sobre mí, consecuentemente cayendo con estrépito en el inofensivo tatami azul. Su cabeza miraba el techo, aturdida por no entender todavía cual había sido el error que le había precipitado contra el suelo.
-¡Mierda! –exclamó con un sentimiento de frustración.
Ippon! Jaja.
Él se levantaba, todavía rabioso con tintes de preocupación.
-Que cabron... ¿Qué he hecho mal?
-Mira... Te ha pasado como a mí en la competición. Te ha sucedido exactamente lo mismo que me pasó en el primer combate. Lo perdí igual que tú ahora. Fui a saco sin escuchar, sin fluir, sólo con una tensión anárquica y estéril, sin poder concentrarme en hacer correctamente los movimientos. El miedo a perder me estresó y no tenía la cabeza tranquila.
-Si, quizás tengas razón.
-Vale va, otra vez.- Dijo, levantándose con ganas de seguir con el amistoso randori  o combate, y volvió a agarrar con fuerza mi solapa, despúes de nuestras respectivas muestras de respeto al estilo japonés.

dilluns, 10 de setembre del 2012

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Conocí a Montse un día que hacían abraçades gratis. Su energía me atrajo desde el primer momento, y oír que hacía sanación pránica despertó aún más mi interés en ella. Un agradable abrazo y algunas simples palabras solamente se intercambiaron aquél día. Un día en el que, ante mi incomprensión, vi realizando abrazos a desconocidos a la chica que me había dejado con las palabras en la boca una noche en La Bohemia, después de decirle que era muy guapa y que me había fijado en ella. Pero volviendo a Montse, la siguiente vez que nos vimos fue en un concierto de mis amigos del funky. Allí hablamos en serio por primera vez. Y las siguientes semanas fuimos coincidiendo en el Broadway Café.

Había decidido los días anteriores decirle mi opinión directamente, aunque sabía que eso llevaría a una confrontación de ideas y, posiblemente discusiones que terminarían en gritos y posiciones enrocadas de cada uno, rompiendo consecuentemente cualquier entresijo de comunicación.

-     El amor universal es lo mas importante, hay que hacer el bien.- excretó ella, en un estado trascendental con toques de felicidad.

Esa mujer me caía bien. Era lo que quedaba de una juventud dominada por el alcohol, conciertos de rock, drogas, y pasotismo a más no poder. A sus 45 años todavía se conservaba atractiva, tanto externamente como internamente. De seguro que sus contactos con el submundo místico esotérico al que había ido dejando caer su vida en detrimento del heviata habían tenido algo que ver con ese hecho externamente comprobable.

Esa noche en el bar podría haber sido una velada tranquila y placentera después de hacer un poco de deporte. De hecho, llevaba la bolsa verde enorme en la que puede caber mi kimono de competición ultraresistente. Estaba también Cecilia en la mesa. En un primer momento pensé en pasar de largo, irme a casa, pero algo me detuvo. Quizás es que estaba ella, Montse, aunque me di cuenta de ello una vez yo ya había iniciado el camino hacia la mesa, pudiendo ver el final de ésta que ella ocupaba, antes de sentarme.

Después de su declaración de principios universales, no pude contenerme.

-     Eso del amor está muy bien, es el mensaje de Jesús, pero yo creo que ahora deberíamos hacer un paso más. El bien no se puede comprender si no sabes que es lo malo. Son complementarios, el ying y el yang. -Parece que la dejé un poco estupefacta, pues se me quedó mirando largos segundos como pensando – tu lo que eres es un cabrón, tío-

Mi impulso interior me pedía que acabase hasta el fondo con tanta petulancia y misticismo barato, pero la pobre Cecilia, la de los antidepresivos, estaba allí, sentada, mirando su vaso de cerveza cómo si éste tuviera que explicarle cosas que no había comprendido del todo. Por consideración a su sugestionable estado, contení las fuerzas que peleaban en mi interior. Pero Cecilia algo sí que entendió, y era que en esa conversación sobraba, así que después de intercambiar algunas palabras inofensivas los tres, se despidió y se fue a cenar a su casa.

-     Nos vamos más al interior?- propuso Montse, una vez Cecilia estaba pagando en la barra.
-     Claro.

Nos sentamos en el centro de la terraza, donde se podía ver en la sala de la derecha, cómo ensayaba el grupo de danza tradicional-contemporánea Mediterrània. La música era atronadora. Una de esas piezas románticas, tipo Strauss, con violines, partes lentas interrumpidas por golpes de tambores aberrantes que ensalzaban la emotividad y la pasión trágica. Una bella música que quedaba destrozada literalmente por aquella coreografía que mis ojos se resistían a ver, y mi mente a comprender. Iban dando saltitos anonadinos y rítmicos levantando las rodillas hacia delante, matando la anarquía y pasión de los movimientos musicales. ¿Como se puede bailar esto como si fuese una sardana? Mi castigada mente inocente se entretenía buscando alguna respuesta a la incongruencia humana, cuando por fin Montse rompió mis divagaciones.

-     ¿Tu te has leído el Tao?
-     ¿Que tao?
-     El Tao te Ching.
-     Si.

La escena que estaba contemplando hace unos segundos cambió radicalmente mi manera de enfocar esa conversación. Decidí que el mundo necesitaba comprensión y diálogo. Así que evitamos temas de los que yo sabía, difícilmente llegaríamos a puntos en común, y nos pusimos a hablar de que ella también estaba escribiendo un libro: La princesa duerme sola.

-     ¿Si duerme sola no será porqué ella no hace ningún esfuerzo por conocer a hombres que sean adecuados para ella?
-     ¿Que quieres decir?
-     Que en esta sociedad normalmente es el hombre que tiene que ir detrás de las chicas. Muy pocas chicas se atreven a tomar la iniciativa. Dicen que en los países nórdicos es distinto, pero aquí, si eres hombre mas vale que te espabiles para aprender a ligar, que si no...
-     Dos piedras.
-     Mas o menos..
-     ¿Y a ti como te va con las chicas?
-     Bueno... he estado con chicas.. me lo he pasado muy bien, he compartido muchas cosas.. pero todavía no he encontrado a una mujer que me llene en todos los niveles.
-     Es que esto es difícil..
-     Si.. además yo soy un poco tímido, ya sabes...

Seguimos charlando agradablemente un rato y luego nos fuimos cada uno a su casa.

dimarts, 21 d’agost del 2012

Un vaso de cerveza que mengua
un cigarrillo que se quema
lineas blancas que desaparecen
mientras las negras crecen
imparables,
por los rojos ríos que ellas contienen
sangre y dolor,
que ya a nadie pertenecen

diumenge, 19 d’agost del 2012

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Estaba yo en Cadaqués cuando tenía tan solo 5 años. Cadaqués fue tierra de artistas desde que Salvador Dalí estableció allí su residencia. Mis Padres veraneaban en ese pequeño y bucólico pueblecito perdido en lo más salvaje de la Costa Brava desde antes de que yo naciese. Y alquilaban una casa. Una casa antigua muy bonita, con las paredes de pizarra características de aquellas latitudes. Paredes gordas y robustas, y una chimenea donde nos abrigábamos los 4 en las noches frías del noreste de la península ibérica. En la casa de al lado vivía una familia de japoneses. Sí. Padre, Madre y una hija. Ellos estaban allí, en lo más recóndido de los románticos espacios ampurdaneses. ¿Qué hacían allí? Algo me huelo ahora, pero en ese tiempo yo no sabía. Que atrajo a una familia japonesa a un pueblo rural de costa de la españa postfranquista? Desde luego el reclamo artístico de Dalí, pues el marido, S. Koyama también era pintor. Recuerdo que la familia de al lado era como un misterio. Tenían los ojos como si les molestase la luz solar, pero su hija era preciosa. Naeko se llamaba.

Un día fuimos a visitar una galeria de los cuadros que Koyama ponía a la venta. Una vez dentro, mi mirada se quedaba encallada en esos enigmáticos paisajes que colgaban de la pared. Todas las exposiciones de arte que había visto yo hasta ahora eran explosiones de color, con innumerables detalles en los que tu mirada podría estar horas dilucidando. Aquello era todo lo contrario. Había dos colores. Un azul parduzco de algún atardecer nublado y el gris característico de estas costas agrestes que acostumbran a acabar en forma de acantilado. Cuadros inmensos de unos dos metros de largo por uno y medio de alto. Donde mas allá de la delimitación de estos dos colores habían unas zonas enormes ausentes de ningún detalle. Incluso el azul pardusco parecía fusionarse con el azul del mar, que penetraba en las representadas calas del Cabo de Creus. Incontestables interrogantes se generaban en mi infantil cabeza. ¿Es esto arte? Y qué hay del color, de formas humanas en movimiento? Sólo sé una cosa. El silencio de esos cuadros sigue hablando misteriosamente en el inevitable transcurso de los años. Un silencio japonés. Un silencio Zen.

Quizás Koyama sintió la necesidad de ir a vivir donde residía el gran pintor del surrealismo, Dalí. El que plasmó de forma pictórica las turbaciones del inconsciente Freudiano que forman parte ya de nuestra joven sociedad. Quizás esas pinturas eran un mensaje a todo quien observara un cuadro de Dalí. Aquel mensaje correctamente decodificado decía lo siguiente: - No os dais cuenta que el quid de la cuestión reside en silenciar la mente y dejarse llevar por la belleza que caprichosamente se muestra ante nuestros sentidos?

O eso quiero creer yo.



  S. Koyama: Cala nans

divendres, 3 d’agost del 2012

Negre sobre Negre(extracte)


Estava arribant a casa, preguntant-me si la Mare hauria sortit amb l’amiga del centre d’ajuda que s’havia fet recentment. Em semblava perfecte que la Mare fes coneixences, però no tenia ganes de veure a casa dos dones destrossades consolant-se mútuament. La meva vida ja era prou trista com per a aguantar allò al tornar a casa. De cop un cotxe amb els vidres tintats va frenar en sec al meu costat. No vaig tindre temps d’identificar qui sortia bruscament, però estava clar que venien a per mi, així que em vaig posar a patejar el més ràpid que les meves cames van poder en aquell moment. Ells es van desemmascarar de seguit.
- Vinga ràpid, que no escapi! – Vaig sentir una veu que recordava a la de l'esbirro de l'Ernest que em va treure una navalla al bar Bohemia, cosa que va fer que corrés amb més ganes. Al tombar la cantonada però, una figura voluminosa estava en la meva trajectòria, que va ser impossible de desviar a temps donada l'elevada quantitat inercial que desenvolupava el moviment del meu cos. Un xoc que em va parar en sec, el que va provocar que els meus perseguidors donessin irremeiablement, caça a la seva ara desvalida presa.
- Encara no tinc els diners! No em deixeu temps!- L’amic corpulent que acompanyava al malapeça de la navalla havia efectuat un placatge que em va fer impactar contra les dures rajoles amb relleus circulars biseccionats que els meus colzes varen patir. El jugador de rugbi era ni mes ni menys que l’home forçut que estava amb l’Ernest el dia de la fatídica compra finançada. El desencadenant de la meva desgràcia saltironejava dins d’uns pantalons de pinces i unes sabates que feien un sò gràcil i descompassat que s’allunyava.
- Calla meuca! L’Ernest vol parlar amb tu.- Va dir el baixet. Era curiós però encara no havia sentit parlar l’home corpulent.
- Vale, vale tiu! Ja em puc moure pel meu propi peu cap a l’Ernest- Vaig dir-li despectivament, mentre ell seguia callat.
- Aquest que és sordmut? Vaig dirigir-me al meu antic amic. Una bufetada contundent em va demostrar que com a mínim sord no ho era. Acte seguit em va empènyer cap a on estava el cotxe. Em vaig mossegar els llavis, però em moria de ganes de preguntar-li on acostumava a ficar la llengua, que li havien hagut de tallar.
- Vinga va, prosseguí el baixet, que m’agafava del bracet com si fos la meva parella nupcial, en un casament sado-maso, esclar.
Amb igual de tacte em van ficar al seient de darrera, on vaig quedar escortat pels dos amables socis. Des del seient de davant un home amb un tratje blanc impecable es girava amb un somriure entre burleta i complaent.
- Hola John, com estàs.
- Sou uns sàdics.
Ja us vaig dir que em van robar.
- El teu problema té una solució.- Respongué enigmàticament l’Ernest. El conductor guiava el flagrant vehicle a través de la ciutat, davant del silenci dels presents. Ara estàvem a les afores en el que semblava un descampat. Els meus pitjors temors començaven a incomodar-me, però la veu ferma i sincera de l’Ernest va fer tornar a pujar algo de sang cap a les meves galtes.
- No et preocupis que no et pelarem. Però has d’ escoltar lo que t’he de dir. – Els altres dos, inclòs el conductor varen sortir del cotxe, i es van situar uns deu metres a davant, observant de reüll l’interior de l'enigmàtic vehicle. La llum platejada de l'incipient lluna creixent feia brillar el rostre del comerciant d’estufeaents, que lluïa per si sòl un entusiasme inquietant.
-John, fill meu, em deus 6000€. Puc ser pacient i tindre confiança amb joves promeses que comencen, però aixó s’està allargant massa.- Va adornar amb un paternal somriure.
-T’ho tornaré, saps que t’ho tornaré.
-Ara oblida-ho.
-Què?
En els seus ulls s’hi podien veure els interrogants que el turbaven, mentres escrutava misteriosament en el meu interior en busca d’unes respostes a no sé quina pregunta.
-Tinc un encàrrec per a tu.
-Saldarem el deute?
-Si. I més encara. 6000€ més que t’enduràs cap a la teva butxaca.
La cosa es posava interessant, i molt tentadora, tot i no saber encara de què es tractava.
-I què he de fer? Matar algú? -El seu silenci seguia escrutant-me, el seu rostre canviant cap una serietat perillosa.
- És un home poderós. Potser l’has vist alguna vegada als mitjans.
- Últimament no miro la tele.
- Em caus bé, John. No em facis prescindir de tu. –Va afegir amb un somriure obscè.
Tot ballava violentament dintre el meu cap, amb l’esperança de què fregar-me la cara amb ansia em fes despertar d’aquest somni impietós. Però seguía despert, en aquell descampat on tres figures miraven cap a l’interior del vehicle curiosament, enlluernades tènuement llurs fisonomies per la metàl·lica lluna. Estava entre l’espasa i la paret. Si li deia que si, després ho havia d’executar. Sinó em mataven a mi. Perquè no tenia els diners i era una burda mentida, el fet de què els podria aconseguir en breu. De cop una força va pujar desde les bases dels meus peus, passant per les tíbies, genolls, i entrant per el còccix es va acabar de distribuir fins a arribar al pit.
-D’acord. – Vaig respondre, pensant en la tentadora tranquil·litat que obtindria un cop acabés la feina. Ell va lliurar-me una carpeta de cartró vermell
- Aquí tens tota la informació. No cal dir que la resta es donarà un cop acabada la feina.- Va afegir escabrosament.
- Es clar.
Tan sols havia acabat de pronunciar l’acceptació verbal quan les portes es varen obrir de nou i em van deixar allà on m’havien recollit, amb el present vermell sota els braços. Darrera una ràpida acceleració desapareixia el Mercedes blanc satinat d’aquell viatge mortal.

dimarts, 3 de juliol del 2012

...


(...)
La meva nova amigueta es veu que escrivia cançons de rap al facebook.
- Ah, pues ja t’agregaré, que tinc ganes de llegir-ho.-Vaig dir-li amb ganes.
- Tens facebook?- va preguntar Ella, lo que em va semblar una pregunta una mica retòrica.
- Si. – Aquella conversa va concloure allà, amb els punts suspensius d’una possible continuació en la xarxa social.
Al cap d’ uns dies estava xafardejant el seu perfil plàcidament a casa, quan una rodoneta verda m’ indicava que Ella estava disponible per a xatejar. Vaig obrir un privat per comentar-li la meva impressió.
- M’ha agradat molt el que has escrit. Ara estava llegint la del “campo de arroz”.
- Jaja. Son coses que se m'acudeixen..
- Son bones. No son paraules buides. Però semblen parts de cançons més grans.
- Són coses que improvitzo al moment. Escric més coses, però no ho publico.
- Si? Podries enviar-me’n alguna? M’ agradaria llegir-ho.
- Es que son coses molt personals.
- Ok. No passa res. Era només per curiositat, però si no vols ho entenc.. Jo algun cop he intentat escriure, però sempre ho he acabat deixant.
- A si? Què?
- Novel·la. El procés de creació dels personatges és massa dur. Mira Hemingway, era un borratxo. En les seves obres no paren de fer-se cubates. O el Bukowski. Ara m’ estic llegint un llibre d’ ell. El personatge(el seu alter ego) beu cada nit fins a vomitar.
- Però pots intentar-ho.
Vaig pensar en explicar-li ara la història de John Kenedy Toole, que després de crear una obra mestre i no poder-la publicar, va quedar absorbit per els seus personatges, entrant en un estat paranoic-depressiu que el varen portar al suïcidi. Però vaig decidir no espantar a la meva simpàtica interlocutora amb una realitat tan dura com aquella.
- Quan ho he intentat he tingut la sensació de què m’ hauria d’ aïllar socialment. De moment prefereixo treballar 8 hores diàries i després anar a fer birres al bar.- Vaig concloure, mostrant la meva actual filosofia de vida, embellint la grandilocuent reflexió amb una picaresca clucadeta d’ull virtual, que desitjava que ella interpretés correctament.
- Jaja. Pots fer les dues coses.
Un silenci va envoltar el meu còmode menjador, mentres les parets abans silencioses semblava que començaven a parlar totes al mateix temps. La seva resposta produïa cops en cada rebot que efectuava per l’ interior del meu innocent encèfal. va sonar com un gran signe d’ interrogació. Pots fer les dues coses? Per a quines ocultes raons el meu cervell havia amagat aquesta possibilitat, que en les seves paraules semblava algo evident. Pot ser que ella sapigués algo que jo no sabia? Qui era ella per a saber si jo tenia la capacitat intel·lectual per a executar ambdues accions paral·lelament?
L’ altre pregunta que va aparèixer al meu estupefacte sistema nerviós central al cap d’ uns moments va ser: a quina altra cosa a part d’ escriure es referia? A treballar 8 hores diàries o a relacionar-me socialment? Potser lo que volia dir ella és que tenia ganes de seguir-me veien pel bar, simplement. No, perquè també volia que jo escrigués. I què en treia ella de que jo escrigués?
Els ecos d’ aquelles paraules encara ressonen en nits fredes dintre el meu cap. Masses preguntes i poques respostes. Només tènues reflexes de les esquives mirades de la Lluna en nits boiroses, mentres el meu cor només desitja que Ella sigui algo més que un simple catalitzador.
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dissabte, 9 de juny del 2012

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Ahora estaba conduciendo. Un lunes, aunque no tan gris como el de muchos, que sienten cómo el peso de la rutina les cae como una losa desde el cuarto piso, mientras yo volava con mi coche. Una mañana en la que recorrería los 600km que separan la ciudad mas abierta y cosmopolita del sur de Europa con el centro de la meseta, el origen de una idea anclada en un pasado glorioso incapaz de redefinirse que vive en la melancolía de lo que en otros siglos fue España. Castilla La Mancha era aquel lugar, en dónde se estaba construyendo una central termosolar con los fondos europeos para el desarrollo, el desarrollo que el mismo sistema se había cargado, tanto para España como para Europa. Ya no habían fondos europeos. La crisis entraba en la última bajada hacia el hoyo. La Central se estaba terminando, pero era la última que se construiria en España. Por hoy yo tenía trabajo, que es lo que importaba.     
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dimecres, 18 d’abril del 2012

La distancia no impide, a veces,
que las cosas pasen.
La luna de un cielo estrellado
con el ojo habla.
Siguiedo los pasos del Quijote,
un lugar en mi cuerpo
cuyo nombre sí me acuerdo
no importa hasta donde llego
una sensacion me llevo dentro
en mi pecho tiene ella sustento
resplandece y brilla, desde mis adentros
mi cuerpo irradía, mi alma levanta
ya no estoy solo, oigo tu suspiro.

divendres, 16 de març del 2012

Jam a la Bohemia

El bosc encantat de Sant Cugat era testimoni del joc d’ ànimes nocturnes que es contornejaven entre les seves branques orgàniques. Gats de carrer, gats nocturns, regits per la nostre senyora Lluna, es trobaven per festejar la seva recent adquirida resplandor. Una lluna plena que havía xiuxiuejat anticipadament l’ arribada de la primavera. Una lluna de març, l’última d’ un fred i sofert hivern sense l’ altre lluna, la que está envoltada de carn, ossos i pell.

La inexhorabilitat dels cicles es deixava palesa amb l’ alegria que hi havia a cada cantonada del local. La nostra cambrera preferida, la N**, s’ encarregava de donar-hi la guinda amb la seva sensibilitat periòdica. Els gats salvatges que havien estat hivernant s’ havien decidit per fi de sortir a retrobar-se. I un diumenge a la tarda a la Bohemia era un bon lloc per fer-ho. Les Jams sessions que l’ associació jazzenviu organitzava començaven a prendre cos i forma musical. Mil detalls de la decoració clássica, kitch-orgànica surrealista roquera presenciaven l’ aflorament de la vida dels cossos anhelants, i les ones de pressió acústica que els hi donaven nutrients, guiaven per el nou sender que aquella primavera havien de prendre.

Després de que un jazz suau, melòdic amb punts de psicodèlia ralexant penetrés gratament dins del meu cos, vaig veure com anven entrant amics i coneguts a dintre del místic local. La jam la organitzava avuí el meu millor amic, el M** lo que afegia un toc de confiança, proximitat i satisfacció. També hi havien amics dels músics, un grup prou nombrós i rialler que estava sentat en els tamburets baixos davant de l’escenari. Gats juganers i gates presumides que competien amb la tènua i càlida iluminació del local. No hi ha focos, ni grans iluminacións ni punts de llum. Múltiples efluents de llum grogenca, tres espelmes aquí, una lampara de llit allà. Unes llums de nadal darrerra l’escenari, envoltaven difuminant ombres amb brillantors, on l’ escenari era Tot. Que hi haguessin músics tocant era una part de lo que succeía allà. Una part que no aniquilava les converses, rialles, jocs de seducció, i múltiples històries paral.leles que s’ estaven formant en aquell moment. La música, els músics, simplement acompanyaven. Entraven en conjunció amb el local. De fet no es podria considerar directament un escenari. Simplement estaven en un racó. Tocant. Visquent. Transmetent. Sentint. I ens feien sentir als demés.

dimecres, 18 de gener del 2012

Lánzame toda la mierda que quieras
la esquivo antes de que me veas
mentes deslizantes y almas que vuelan
Darwin no sirve, la mia está en el aire
Determinismo genético, es para los sapos
tu te deslizas por el barro
y yo vuelo con los pájaros
tu miras la tele
yo estudio los clásicos
la ciénaga lleva la confusión
de toda la desinformación
me costó respirar, pero salté alto
tanto, que en cielo me he quedado
la salamandra quiere salir del barro
y no ve que se dirige al vertedero
necesitas buscar el suelo
el apoyo para este paso
apartar con afán los sapos
que buscan su consuelo
De los sapos? Si! no de los pájaros
mi amor lo doy a los que vuelan alto
alcanza mi mano, antes de mi abrazo