Me gustaba leer ciencia ficción. Me
apasionaba todo aquello relaconado con el espacio, las estrellas. Me
leí los tres tomos de Fundación de Isaac Asimov y algún que otro
libro suyo de divulgación ciencífica, como El Universo, la historia
sobre las concepciones de la humanidad sobre el universo, desde los
clásicos griegos hasta los quásares, las supernovas y los púlsares. En las paredes de mi habitación colgaban dos pósteres: Uno
representando el Big Bang, con una explosión a la izquierda, una
nube de polvo, y las formaciones de las galáxias a la derecha, a
medida que transcurrían los eones según el eje transversal. Otro
era una fotografía de la nebulosa o cúmulo estelar que se conoce
como La Nebulosa de Caballo. Mi padre, un día me regaló un libro:
Potencias de Diez. Es un libro de fotografías que se van sucediendo
desde un rincón del universo, y la siguiente fotografía es una
ampliación de diez aumentos de la anterior. De esta forma, nos vamos
acercando desde el espacio exterior hacia la vía láctea, de la vía
lactea hasta el sistema solar, desde el sistema solar hasta la
Tierra, desde la Tierra hasta norteamérica, desde norteamérica
hasta Chicago, desde la gran ciudad hasta un pequeño parque
enmedio del tráfico de vehículos, desde el parque hasta una pareja
tumbada que hace la siesta, desde la pareja hasta la mano del
hombre...
Entonces entramos dentro de los tejidos
humanos. Traspasamos la piel, y nos encontramos con la sangre,
células, moléculas...
Yo cerré el libro. ¿Era éste nuestro
universo? Las fotografías habían hecho un recorrido lineal desde el
espacio exterior hasta las células del cuerpo humano. ¿Ya está?
¿Sólo existe lo que puede ser fotografiado con telescopios o
microscopios? ¿Y la mente? ¿Dónde estaba la mente? ¿Y las
emociones? ¡En aquel universo no existían las emociones! Los únicos
humanos fotografiados eran una pareja durmiendo enmedio de la
ciudad...
¿Y el interior humano? Yo sabía que
allí habían muchas cosas, algunas de ellas que empezaba a
experimentar en la clase de jiujitsu. Fue entonces cuando me fui
distanciando poco a poco del cientifismo académico en que
quisieron educarme mis padres, y nunca terminé de leer El
Universo de Isaac Asimov.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada