divendres, 14 de setembre del 2012

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Felipe se dirigió hacia mí con toda su fúria, y agarró con su musculado brazo la solapa de mi blanco kimono. Sus movimientos bruscos me zarandeaban violentamente, pero su mente tampoco estaba quieta. Sus agarres eran espasmódicos e incongruentes, faltos del sentido completo. No lo eran así los mios, y mi mente estaba más tranquila ya, después de la competición del último sabado.

Cuando mis sentidos me mostraron que era El Momento, mi pierna, mi cadera y todo mi ser realizó de forma inconsciente y automática, ayudados por toda mi voluntad, aquellos movimientos que tantas veces había practicado antes en forma de uchi komi o entrenamiento. Se hizo un o’uchi gari o Gran Barrido por el Interior, una vez su pierna derecha estubo nadamás unos ínfimos instantes ligeramente adelantada, mientras su cuerpo que me sacaba mas de 20 kg se abalanzaba sobre mí, consecuentemente cayendo con estrépito en el inofensivo tatami azul. Su cabeza miraba el techo, aturdida por no entender todavía cual había sido el error que le había precipitado contra el suelo.
-¡Mierda! –exclamó con un sentimiento de frustración.
Ippon! Jaja.
Él se levantaba, todavía rabioso con tintes de preocupación.
-Que cabron... ¿Qué he hecho mal?
-Mira... Te ha pasado como a mí en la competición. Te ha sucedido exactamente lo mismo que me pasó en el primer combate. Lo perdí igual que tú ahora. Fui a saco sin escuchar, sin fluir, sólo con una tensión anárquica y estéril, sin poder concentrarme en hacer correctamente los movimientos. El miedo a perder me estresó y no tenía la cabeza tranquila.
-Si, quizás tengas razón.
-Vale va, otra vez.- Dijo, levantándose con ganas de seguir con el amistoso randori  o combate, y volvió a agarrar con fuerza mi solapa, despúes de nuestras respectivas muestras de respeto al estilo japonés.

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