dilluns, 10 de juny del 2013

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Invierno. Cadaqués. A las cuatro y media de la tarde, el sol se esconde tras las montañas. Después, hasta el crepúsculo, queda una hora de luz clara, muy suave. Luz y sombra ya no intervienen en el espacio como en pleno día. Yo he intentado captar el Cadaqués de ese momento.
Desde el día que llegué, mis hábitos orientales no han supuesto ningún obstáculo para pintar este paisaje. En las tierras de Extremo Oriente todo es muy distinto. Aire húmedo, colores monótonos. La naturaleza se percibe como velada. Aquí todo es contraste. Por ejemplo, los días de tramuntana. Esta diferencia era una provocación. Para resolver el dilema he utilizado la linea, superficies planas, matices diferentes.

Me siento nipón. Han pasado muchos años y dentro de mí no se ha producido ningún cambio. Tal vez no sea posible mezcla alguna. Sin embargo, Oriente y Occidente, dos extremos, no se confrontan, cohabitan en silencio. 


S. Koyama: Azucenas

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