dijous, 27 de juny del 2013

Angie

Mi empresa cerró, y yo decidí dejar mi piso de Rubi y volver al pueblo de al lado. Una amiga mía vivía en una casa de la Floresta, que tenía un jardín enorme cerca del puesto de vigilancia forestal. Era la parte más alta de la Floresta, y desde el jardín habían unas vistas tremendas de todo el Vallés. Una de sus compañeras de la casa se iba, y yo aproveché para irme allí a vivir en la habitación que ella dejaba libre. Había también otra chica que no conocía en la casa, Angie. Nuestra empresa no podía pagar las nóminas, y me vería irremediablemente en el paro dentro de poco. También tuve la necesidad de volver a estar en compañía, después de un año de introspección viviendo solo, la primera vez en mi vida. Una soledad que me había ido fenomenal para que se aposentasen en mi mente ciertas historias y experiencias, aparte de empezar con la escritura y comprarme un bajo eléctrico para empezar también con la música. Pero mi cuerpo me pedía ahora que volviese a relacionarme con la gente, y una casa en la Floresta con dos chicas, más cerca del núcleo urbano en donde estaban mis amigos, era una oportunidad fenomenal. Así que hice el traslado de mis cosas, y empecé a disfrutar de aquellas vistas en medio del Parque Natural del Collserola.

No llevaba más de una semana en la casa, cuando realicé que mi amiga no era todo lo simpática que parecía desde el exterior. Y la otra compañera de la casa, resultó ser que nunca estaba en ella porque realizaba un programa de desintoxicación de heroína. Se llamaba Angie, y tenía tan solo 23 años. Se había juntado con la gente equivocada, entrando en el círculo vicioso de la droga.

Había nevado, y yo estaba delante de la hoguera mirando el fuego, triste por el hecho de realizar nadamás hecho el traslado, que no podía entenderme con mi amiga. Los troncos chisporroteaban, el rojo irradiaba calor por todo mi cuerpo, y el baile de las llamas me hipnotizaba, cuando alguien entró por la puerta. Era Angie con un amigo. Llevaba unas gafas grandes de sol. Intenté cambiar de cara para mostrarme todo lo amable que pude con ella.

-Hola, ets l’Ernest oi?
-Si, tu ets l’Angie. Encantat.

Nos dimos dos besos, y luego ella me presentó a su amigo. Parecía simpático y al mismo tiempo distante.

-Agafo unes coses y torno a marxar.
-Vale.

Ella estuvo un rato en su habitación, y yo hablé de cosas banales con su amigo. Luego se fueron. Al cabo de dos semanas tuve la triste noticia de que Angie había muerto por sobredosis de heroína.

Ella llevaba un año con tratamiento en una clínica de desintoxicación. Y ni los médicos ni los psicólogos pudieron o quisieron ayudar a aquella joven muchacha. Ella había salido una noche con amigos fuera de la clínica, y habían decidido tomarse una dosis. Una teoría sobre su muerte era que los fármacos que ella tomaba por el tratamiento habían reaccionado como una bomba con la heroína adulterada que se podía encontrar en el mercado negro. Ahora éramos dos en la casa, y yo no me llevaba bien con mi amiga. Tenía claro que dejaría esa vivienda, pero decidí esperar. Alquilamos la otra habitación a un chico, y yo me dediqué a mis cosas sin prestar demasiada atención a mis compañeros de la casa. En octubre volví a encontrar trabajo y entonces alquilé un piso para mi solo. Pero me llevé un recuerdo de aquella casa en medio del bosque del Collserola. Angie cultivaba marihuana para sacarse unos eurillos. Y al limpiar su habitación, vimos un bote de cristal con algunos restos y semillas. Yo tomé aquellas semillas, y las planté aquella primavera en el jardín. Salió una cosecha fenomenal. Desde entonces planto cada año los descendientes de aquellas semillas, y comparto los frutos con mis amigos.

-És molt bona aquesta marihuana, té un caliu especial, és molt terrenal, molt natural. Et conecta amb la terra...- Decía mi amigo.- Quina varietat és? Purple Haze? Super Skunk?
-No ho sé. -Respondía yo, mirando a mi amigo mientras le sonreía.-És una varietat específica de la Floresta.

Cada vez que cultivo marihuana, me cuido de guardar semillas para las siguientes generaciones. Así, Angie sigue viva. La verdad es que es una marihuana especial. Relaja, y al mismo tiempo activa la intuición y la creatividad. Entre más cosas...


             

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