dissabte, 23 de febrer del 2013

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Me gustaban la filosofía y las letras, pero mi funesta experiencia me había enseñado que el mundo del pensamiento abstracto podía llegar a ser una trampa mortal. Y la cultura no estaba preparada para filosofar con espíritu abierto y tolerante. Si te salías de la corriente principal o mainstream, eras automáticamente echado en la cuneta sin ningún complejo ni consideracion, por la totalidad de una sociedad únicamente preocupada por amoldarse a sí misma. Asipués eligí estudiar ingeniería. Era aquella una carrerra que se basaba en lo que funcionaba. No era cuestión de opiniones. El coche arranca o no. Un tipo de conocimiento sustentado en hechos claramente demostrables, que yo estaba dispuesto a aprender. Podíamos dejar la filosofía y el arte para más adelante...

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