Yo estaba enamorado de Raquel. Era una mujer perfecta.
Esbelta, guapa, morena con los cabellos lisos, labios carnosos y un piercing en
su lengua que me encantaba saborear. Notar el gusto del metal cuando
jugueteábamos con nuestras lenguas era una sensación rara. Y me gustaba.
Quedamos a menudo, y dábamos vueltas por el Barrio Gótico de Barcelona. Ella
estudiaba sociologia, y yo alternaba un trabajo de comercial con los estudios
de ingenieria. Ella tenia amigos que se dedicaban al cine, y me habia comentado
que estaba haciendo un corto con uno de ellos.
-A, pues a mi me gustaria escribir.
-¿A si? ¿Sobre qué?
-Novela de Ciencia Ficción.
Yo hacia unos meses que me habia largado de casa, y
compartia un piso con estudiantes extranjeros y una pareja joven de Argentina.
Me sentía vivo. Libre. Era yo, trabajando para vivir, para vivir mi vida. La
vida que quería compartir con Raquel en aquellos momentos. Pero mis silencios
creo que la desconcertaban. Ella estaría acostumbrada a chicos que le comian su
oreja, se hacian los interesantes e importantes para impresionarla. Pero yo no
era así. Todavía me costaba abrirme de veras a una mujer. Además estaba Núria,
mi primera relación. Todavía estábamos juntos, aunque yo sabía que no estaba
enamorado de ella. Le comenté a Raquel que estaba con otra. Me sentía mal por
ocultárselo. A ella no pareció importarle, pero mi relación con Raquel terminó.
Y yo la quería.
Al cabo de unos días, estaba con Núria y sus amigos en Sant
Feliu de Llobregat. Fuimos a tomar unas cervezas. Yo me sentía mal, con rábia
por no poder canalizar mis sentimientos y emociones. Después de unas cuantas
cervezas, volvimos hacia el piso de Núria, con sus amigos. Pero en la Plaza de Sant
Feliu, había un grupo de unos tres skin-heads que estaban buscando pelea.
-¿Eh, me das un cigarrro?- le dijo uno de ellos al novio de
la hermana de Núria. Él se lo dio.
-¿Eh, dame más no?- mi amigo le dio dio otro cigarrillo.
-Eh, quiero más.
-¿Eh, vale ya no?- dije yo. Los otros dos se levantaron de
golpe, con la seguridad de que por fin habian encontrado un objetivo.
-¿Qué, quieres? ¿Qué te demos no? – Los tres ahora se
dirigían hacia mí. Yo, por desgracia, iba demasiado borracho como para calibrar
bien la situación. La hermana de Núria y su novio se esfumaron rápido, y me
quedé yo solo con mi novia.
-Pegadme si tenéis huevos.- Salío de mi boca. Uno de ellos
se acercó, y me golpeó con su puño en la cara. Una sonrisa salió de mi cara, y
me giré, ignorándolos, caminando tranquilamente en dirección opuesta. Este acto
los envalentonó todavía más, y se lanzaron ésta vez los tres encima mío. Cuando
el que me había golpeado se acercó lo suficiente, le pegué con mi derecha en
toda su cabeza. Pero otro me empujó, y yo caí en el suelo. Lamentablemente, fue
ahora, que empecé a calibrar bien la situación que se me venía encima. Ellos
eran tres, y yo estaba ahora en el suelo. Empezaron a darme patadas por todo mi
cuerpo, el cual intenté poner en posición fetal protegiéndome las partes
débiles de la barriga con mis piernas, mi cara con el antebrazo izquierdo, y
mis cervicales con el antebrazo derecho. Sólo quedaba una opción: aguantar. Me
llovían los golpes por todos los lados, mientras yo me protegía mis partes
vitales como podía.
-Eh! Vale ya! Dejadlo ya!- les decía Núria, que no se había
movido de mi lado, e incluso había recibido algun que otro golpe, agachada
encima mío. Pero ellos no se daron por aludidos y seguían con su faena,
mientras mis antabrazos hacían lo que podían para bloquear sus botas militares
que buscaban insistentemente mi cabeza. Tuve la suerte de que estábamos en
medio de la calzada, y por aquellas casualidades de la vida, pasó un coche, que
iluminó la escena con sus faros de cruce, antes de parar en seco. Aquello
provocó la huida de los tres skin-heads, y por fin pude levantarme, con mi
cuerpo todo magullado. El cuartel de La Policía Nacional estaba allí en la
misma plaza, y Núria me acompañó para poner una denuncia. Yo tenía la cara
llena de moratones, y le comentamos a un policía que estaba en la entrada, que
unos skins me habían apalizado.
-¿Seguro que lo que quieres denunciar?- preguntó el policía.
Esta es una de las preguntas que te hacen en la vida, a las que no
encuentras explicación posible. Mi cara era un boniato lleno de magulladuras, y
aquel hombre, un Policía al servicio de la Seguridad Nacional, me estaba
preguntando ¿que si lo quería denunciar?Evidentemente, era una pregunta
con trampa. Lo que quería decir aquel hombre, aquella persona al servicio del
Estado Español, era que lo mas normal del mundo era que unos skin-heads
fascistas reventasen la cara a transeúntes en el pueblo de Sant Feliu de
Llobregat, y que no era motivo para poner una denuncia en el juzgado.
Evidentemente, puse la denúncia, pero me dolió más el transcurrir del
procedimiento judicial, que los golpes que yo había recibido en mi propia cara.
Quizás por eso el policía me había hecho aquella pregunta, y quizás de forma
sincera: porqué él sabía perfectamente, que la justícia en este país, no
funciona.
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