dimecres, 13 de febrer del 2013

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Yo estaba enamorado de Raquel. Era una mujer perfecta. Esbelta, guapa, morena con los cabellos lisos, labios carnosos y un piercing en su lengua que me encantaba saborear. Notar el gusto del metal cuando jugueteábamos con nuestras lenguas era una sensación rara. Y me gustaba. Quedamos a menudo, y dábamos vueltas por el Barrio Gótico de Barcelona. Ella estudiaba sociologia, y yo alternaba un trabajo de comercial con los estudios de ingenieria. Ella tenia amigos que se dedicaban al cine, y me habia comentado que estaba haciendo un corto con uno de ellos.
-A, pues a mi me gustaria escribir.
-¿A si? ¿Sobre qué?
-Novela de Ciencia Ficción.
Yo hacia unos meses que me habia largado de casa, y compartia un piso con estudiantes extranjeros y una pareja joven de Argentina. Me sentía vivo. Libre. Era yo, trabajando para vivir, para vivir mi vida. La vida que quería compartir con Raquel en aquellos momentos. Pero mis silencios creo que la desconcertaban. Ella estaría acostumbrada a chicos que le comian su oreja, se hacian los interesantes e importantes para impresionarla. Pero yo no era así. Todavía me costaba abrirme de veras a una mujer. Además estaba Núria, mi primera relación. Todavía estábamos juntos, aunque yo sabía que no estaba enamorado de ella. Le comenté a Raquel que estaba con otra. Me sentía mal por ocultárselo. A ella no pareció importarle, pero mi relación con Raquel terminó. Y yo la quería.

Al cabo de unos días, estaba con Núria y sus amigos en Sant Feliu de Llobregat. Fuimos a tomar unas cervezas. Yo me sentía mal, con rábia por no poder canalizar mis sentimientos y emociones. Después de unas cuantas cervezas, volvimos hacia el piso de Núria, con sus amigos. Pero en la Plaza de Sant Feliu, había un grupo de unos tres skin-heads que estaban buscando pelea.
-¿Eh, me das un cigarrro?- le dijo uno de ellos al novio de la hermana de Núria. Él se lo dio.
-¿Eh, dame más no?- mi amigo le dio dio otro cigarrillo.
-Eh, quiero más.
-¿Eh, vale ya no?- dije yo. Los otros dos se levantaron de golpe, con la seguridad de que por fin habian encontrado un objetivo.
-¿Qué, quieres? ¿Qué te demos no? – Los tres ahora se dirigían hacia mí. Yo, por desgracia, iba demasiado borracho como para calibrar bien la situación. La hermana de Núria y su novio se esfumaron rápido, y me quedé yo solo con mi novia.
-Pegadme si tenéis huevos.- Salío de mi boca. Uno de ellos se acercó, y me golpeó con su puño en la cara. Una sonrisa salió de mi cara, y me giré, ignorándolos, caminando tranquilamente en dirección opuesta. Este acto los envalentonó todavía más, y se lanzaron ésta vez los tres encima mío. Cuando el que me había golpeado se acercó lo suficiente, le pegué con mi derecha en toda su cabeza. Pero otro me empujó, y yo caí en el suelo. Lamentablemente, fue ahora, que empecé a calibrar bien la situación que se me venía encima. Ellos eran tres, y yo estaba ahora en el suelo. Empezaron a darme patadas por todo mi cuerpo, el cual intenté poner en posición fetal protegiéndome las partes débiles de la barriga con mis piernas, mi cara con el antebrazo izquierdo, y mis cervicales con el antebrazo derecho. Sólo quedaba una opción: aguantar. Me llovían los golpes por todos los lados, mientras yo me protegía mis partes vitales como podía.
-Eh! Vale ya! Dejadlo ya!- les decía Núria, que no se había movido de mi lado, e incluso había recibido algun que otro golpe, agachada encima mío. Pero ellos no se daron por aludidos y seguían con su faena, mientras mis antabrazos hacían lo que podían para bloquear sus botas militares que buscaban insistentemente mi cabeza. Tuve la suerte de que estábamos en medio de la calzada, y por aquellas casualidades de la vida, pasó un coche, que iluminó la escena con sus faros de cruce, antes de parar en seco. Aquello provocó la huida de los tres skin-heads, y por fin pude levantarme, con mi cuerpo todo magullado. El cuartel de La Policía Nacional estaba allí en la misma plaza, y Núria me acompañó para poner una denuncia. Yo tenía la cara llena de moratones, y le comentamos a un policía que estaba en la entrada, que unos skins me habían apalizado.
-¿Seguro que lo que quieres denunciar?- preguntó el policía.
Esta es una de las preguntas que te hacen en la vida, a las que no encuentras explicación posible. Mi cara era un boniato lleno de magulladuras, y aquel hombre, un Policía al servicio de la Seguridad Nacional, me estaba preguntando ¿que si lo quería denunciar?Evidentemente, era una pregunta con trampa. Lo que quería decir aquel hombre, aquella persona al servicio del Estado Español, era que lo mas normal del mundo era que unos skin-heads fascistas reventasen la cara a transeúntes en el pueblo de Sant Feliu de Llobregat, y que no era motivo para poner una denuncia en el juzgado. Evidentemente, puse la denúncia, pero me dolió más el transcurrir del procedimiento judicial, que los golpes que yo había recibido en mi propia cara. Quizás por eso el policía me había hecho aquella pregunta, y quizás de forma sincera: porqué él sabía perfectamente, que la justícia en este país, no funciona.

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