Hubo
un momento en que dije basta. Entregué un examen de química en
blanco, y me fui a la biblioteca a mirar películas en versión
original en una zona habilitada para ello con compartimientos
individuales, pantalla, y cascos. Elegí Alien, El octavo pasajero, la película de Ridley
Scott del año 1979, con asesoramiento estético del artista
surrealista H.R. Giger. No la había visto nunca entera,
y aquella era una buena ocasión. Mirando aquella película sentí
que estaba desperdiciando mi vida estudiando en aquella universidad.
Aquella película transmitía emociones, aquello que lamentablemente
brillaba por su ausencia en aquel triste lugar. Hablaba de la vida,
del miedo a lo desconocido, del valor, de la traición, del poder
oculto de la industria militar que usaba un carguero comercial de
cebo para capturar y estudiar una poderosa forma de vida no humana. Y
me entraron ganas de escribir historias como aquella, metáforas de
una realidad con múltiples caras que a veces, por miedo o
inseguridad, no nos atrevemos a regalarnos el tiempo suficiente para
apreciar en su esplendor, belleza y complejidad.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada