Me tocó viajar
otra vez a la acería de Francia por trabajo, y luego surgió en
España el movimiento popular llamado 15M. Originariamente montado
por corpúsculos afines al partido socialista, había tanto
descontento en la población española por la gestión de la crisis,
que las plazas de las grandes ciudades fueron rápidamente ocupadas,
y los organizadores quedaron en segundo plano. Cada día había
asambleas, y se debatía sobre los temas más candentes de la
sociedad. Fue un intento de volver a traer la política a pie de
calle sin el filtro de los partidos políticos ni medios de
comunicación, pero el movimiento era muy heterogéneo y al final
terminó disgregándose. Aunque de seguro, mucha gente joven sacó
buenas experiencias de ello. Yo, por ejemplo. Fui a alguna de las
asambleas de mi pueblo, y en seguida me di cuenta que abundaban
hippies y revolucionarios con acné y hormonas descontroladas.
Yo me preparé una explicación sobre el sistema bancario de la
reserva fraccionaria para instruir a la juventud sobre el
funcionamiento del sistema económico del que formamos parte; aquello
que no te explican en el colegio. Resumiendo a grandes rasgos, el
sistema bancario de reserva fraccionaria es como el timo de la
estampita, pero a gran escala.
Hice mi exposición
de veinte minutos criticando el dinero sin respaldo de bienes, y
luego me fui al bar a intercambiar papel por cerveza fresca. Ella
apareció, y empezó a lanzarme miradas provocativas desde la mesa de
sus amigas. Yo estava exultante; acababa de realizar un discurso
manteniendo la atención de más de cien personas en la plaza del
pueblo, y creía comerme el mundo. Y ella estaba allí dándome
señales para que me acercara. Aquel era el momento para que nos
dejásemos de rodeos y hablásemos claro ella y yo. Yo la deseaba, y
ella me desaba a mí. Me levanté, y me dirigí hasta su mesa con la
seguridad de quien sabe que hoy sería su día.
-¿Hola, como
estás?- me senté en una silla que estaba vacía a su lado con mi
mejor sonrisa el el rostro.
-Bien.
-¿Cómo te van los
exámenes de psicología?
-Un poco estresada,
pero voy haciendo. -Ella mantenía una fría seriedad, aunque
mostraba satisfacción por el hecho de que yo estuviese allí.
-Hoy he visto a tu
amiga Helena en la bibiloteca.- Le comenté.
-¿A sí? ¿Qué
Helena?
-La Carrasco.
-¿Os conocéis?
-¡Pero si ya te lo
dije un día!- Respondí con una sonrisa indignada.
-Ah, no me
acuerdo.- Respondió ella, y giró su cara hacia su compañera
Andrea. Carlos por su parte punteaba una guitarra española. ¿Podía
ser aquello más romántico? Le acaricié suavemente su pantalón
tejano azul en la altura de la rodilla para acaparar su atención.
-Oye- ella se giró-
que me gustaría conocerte más. Me gustaría quedar un día contigo.
-No sé...
-Me das tu
teléfono, ¿y quedamos un día?-Ella se giró completamente hacia
mí, y me miró mostrando un semblante que mezclava la ironía con la
superioridad moral, completado por unas burlonas cabezaditas
laterales como si intentase hacer entender a un niño pequeño que
dos más dos son cuatro sin discusión.
-Me borraste del
facebook.
Mi sonrisa se
vaporizó al instante, y sentí como si mil agujas se clavasen en mi
corazón. ¿Ahora me sale con eso? Y las veces que me he acercado a
ella para saludarla, la rosa que le regalé el día de los
enamorados, ¿todo aquello no bastaba para mostrar mi
arrepentimiento?
-Me sabe mal lo del
facebook. -Dije en tono lacónico saboreando el amargor de la
derrota. Mientras, Carlos seguía tocando una triste melodía con su
guitarra, y Andrea me miraba con aire condescendiente. Sus amigas
empezaron a volver a la mesa, y mi tiempo corría desesperado su
sprint final. -Quiero hablar contigo, ¡pero siempre hay gente
alrededor! -Dije en tono de queja, indignado por la humillación que
acababa de sufrir.
-Ya hablaremos.
-Dijo ella en tono grave y tajante. -Sus amigas estaban ocupando ya
sus asientos cerca de la mesa.
-Esto si nos
volvemos a encontrar. -Me levanté y me fuí, recogiendo lo que
quedaba de mi orgullo hecho pedazos.
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