dijous, 20 de febrer del 2014

Diamonds and Rust


Me tocó viajar otra vez a la acería de Francia por trabajo, y luego surgió en España el movimiento popular llamado 15M. Originariamente montado por corpúsculos afines al partido socialista, había tanto descontento en la población española por la gestión de la crisis, que las plazas de las grandes ciudades fueron rápidamente ocupadas, y los organizadores quedaron en segundo plano. Cada día había asambleas, y se debatía sobre los temas más candentes de la sociedad. Fue un intento de volver a traer la política a pie de calle sin el filtro de los partidos políticos ni medios de comunicación, pero el movimiento era muy heterogéneo y al final terminó disgregándose. Aunque de seguro, mucha gente joven sacó buenas experiencias de ello. Yo, por ejemplo. Fui a alguna de las asambleas de mi pueblo, y en seguida me di cuenta que abundaban hippies y revolucionarios con acné y hormonas descontroladas. Yo me preparé una explicación sobre el sistema bancario de la reserva fraccionaria para instruir a la juventud sobre el funcionamiento del sistema económico del que formamos parte; aquello que no te explican en el colegio. Resumiendo a grandes rasgos, el sistema bancario de reserva fraccionaria es como el timo de la estampita, pero a gran escala.

Hice mi exposición de veinte minutos criticando el dinero sin respaldo de bienes, y luego me fui al bar a intercambiar papel por cerveza fresca. Ella apareció, y empezó a lanzarme miradas provocativas desde la mesa de sus amigas. Yo estava exultante; acababa de realizar un discurso manteniendo la atención de más de cien personas en la plaza del pueblo, y creía comerme el mundo. Y ella estaba allí dándome señales para que me acercara. Aquel era el momento para que nos dejásemos de rodeos y hablásemos claro ella y yo. Yo la deseaba, y ella me desaba a mí. Me levanté, y me dirigí hasta su mesa con la seguridad de quien sabe que hoy sería su día.
-¿Hola, como estás?- me senté en una silla que estaba vacía a su lado con mi mejor sonrisa el el rostro.
-Bien.
-¿Cómo te van los exámenes de psicología?
-Un poco estresada, pero voy haciendo. -Ella mantenía una fría seriedad, aunque mostraba satisfacción por el hecho de que yo estuviese allí.
-Hoy he visto a tu amiga Helena en la bibiloteca.- Le comenté.
-¿A sí? ¿Qué Helena?
-La Carrasco.
-¿Os conocéis?
-¡Pero si ya te lo dije un día!- Respondí con una sonrisa indignada.
-Ah, no me acuerdo.- Respondió ella, y giró su cara hacia su compañera Andrea. Carlos por su parte punteaba una guitarra española. ¿Podía ser aquello más romántico? Le acaricié suavemente su pantalón tejano azul en la altura de la rodilla para acaparar su atención.
-Oye- ella se giró- que me gustaría conocerte más. Me gustaría quedar un día contigo.
-No sé...
-Me das tu teléfono, ¿y quedamos un día?-Ella se giró completamente hacia mí, y me miró mostrando un semblante que mezclava la ironía con la superioridad moral, completado por unas burlonas cabezaditas laterales como si intentase hacer entender a un niño pequeño que dos más dos son cuatro sin discusión.
-Me borraste del facebook.

Mi sonrisa se vaporizó al instante, y sentí como si mil agujas se clavasen en mi corazón. ¿Ahora me sale con eso? Y las veces que me he acercado a ella para saludarla, la rosa que le regalé el día de los enamorados, ¿todo aquello no bastaba para mostrar mi arrepentimiento?
-Me sabe mal lo del facebook. -Dije en tono lacónico saboreando el amargor de la derrota. Mientras, Carlos seguía tocando una triste melodía con su guitarra, y Andrea me miraba con aire condescendiente. Sus amigas empezaron a volver a la mesa, y mi tiempo corría desesperado su sprint final. -Quiero hablar contigo, ¡pero siempre hay gente alrededor! -Dije en tono de queja, indignado por la humillación que acababa de sufrir.
-Ya hablaremos. -Dijo ella en tono grave y tajante. -Sus amigas estaban ocupando ya sus asientos cerca de la mesa.
-Esto si nos volvemos a encontrar. -Me levanté y me fuí, recogiendo lo que quedaba de mi orgullo hecho pedazos. 







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