Fui al cine con mis amigos del EGB. Estaban allí Raúl y
Marc. Ellos querían ver la película Asesinos Natos. A mí no venía en
ganas de ver algo con ese título, y decidí entrar en otra sala. No recuerdo qué
película vi. Sólo recuerdo que cuando la película terminó, busqué la sala en
donde estaban pasando Asesinos Natos. La encontré, y entré. La película
estaba a tres cuartos, y entre las sombras provocadas por el proyector, pude
vislumbrar la mano y la cara de Marc que me hacían señas. Ellos estaban en las
últimas filas, estupefactos por la violencia explícita que acababan de
ver. Yo, estaba pero, fresco como una rosa de abril. Y recuerdo un anime
de Woody Harrelson corriendo, con su cuerpo musculado, sus gafas oscuras –
la fuerza de la voluntad humana- luchando contra un sistema carcelario que
la mantenía prisionera. Dibujos animados que cambiaban de vez en cuando a la realidad
humana, combinando magistralmente un blanco y negro con el color de la sangre.
Dios, esto es la polla, pensé en mis adentros. Yo solamente
había visto el último cuarto de la película, y vislumbré algo fuera de lo
normal. Experimentación, juego con los colores, vitalidad e incongruencia
humana, plasmados en la tela blanca que retenía el velo de una película de
35mm. Oliver Stone. Más tarde descubrí que el guión era de Quentin
Tarantino. Evidente. Sólo Quentin sabía captar la esencia humana en
las más complicadas situaciones vitales.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada